¿Qué significa?

Clasificación Económica
A la hora de organizar la división de un presupuesto, podemos clasificarlo de tres formas: orgánica (quién lo gasta), funcional (a qué se destina) y económica (cómo se gasta). La clasificación económica, que se puede aplicar a gastos y también a ingresos, nos permite conocer la naturaleza de una partida.

Este sistema organizativo divide los gastos en nueve capítulos. Siete de ellos corresponden a operaciones no financieras: gastos de personal (capítulo 1), gastos corrientes en bienes y servicios (2), gastos financieros (3), transferencias corrientes (4), fondo de contingencia (5), inversiones reales (6) y transferencias de capital (7). Los otros dos son las operaciones financieras, calculando activos (8) y pasivos (9).

La división económica de los ingresos también muestra su tipología y también se divide en nueve capítulos: impuestos directos (1); impuestos indirectos (2); tasas, precios públicos y otros ingresos (3); transferencias corrientes (4); ingresos patrimoniales (5); enajenación de inversiones reales (6); transferencias de capital (7); activos financieros (8); y pasivos financieros (9). Cada capítulo contiene artículos, conceptos y subconceptos para detallar mejor el tipo de gasto o ingreso.

Todos estos números sirven para organizar gastos e ingresos por su naturaleza y son los que encontramos al final de la numeración de una partida presupuestaria. Por ejemplo, en el 26.21.232B.470 de unas ayudas a las pymes, el ‘470’ final nos dice que el gasto se produce vía transferencias corrientes a empresas privadas.
Clasificación funcional
Los gastos –que no los ingresos- se pueden clasificar de forma funcional o por políticas, esto es, dependiendo de su objetivo. Es aquí cuando dividimos el presupuesto en sanidad, educación, desempleo o seguridad ciudadana y lo que verás cuando entres por primera vez en Dónde van mis impuestos. Para crear el código de cada partida de gasto –el concepto presupuestario o partida- la división funcional de los Presupuestos Generales del Estado se divide en cinco áreas de gasto, que están divididas a su vez en 26 políticas: justicia, pensiones, infraestructuras, desempleo, política exterior… Es la división más importante y a su vez se desglosa en grupos de programas (87 en los presupuestos de 2014) y programas (unos 200), para poder dar con ese código de barras que acompaña a cada gasto concreto.

Por ejemplo, en la partida 26.21.232B.470 de las ayudas a las pymes, el ‘232B’ del centro indica que pertenecen al Programa de Igualdad entre hombres y mujeres de la política 23: Servicios sociales y promoción social.
Clasificación orgánica
Es la que nos muestra quién gasta o quién ingresa: el Ministerio de Defensa, el de Interior, el Congreso, la Casa Real... y dentro de cada uno de ellos una serie de Secretarías Generales, Agencias Estatales y Organismos Autónomos. Las entidades de primer nivel se llaman secciones y pueden variar de un año a otro (por ejemplo, con la restructuración de un ministerio). Las de segundo nivel se llaman servicios.

Por ejemplo, en la partida 26.21.232B.470 de las ayudas a las pymes para planes de igualdad, el ‘26’ inicial nos dice que el gasto sale del Ministerio de Sanidad, Políticas Sociales e Igualdad y el ‘21’ que le sigue que, concretamente, lo asume la Dirección General para la igualdad entre hombres y mujeres.
Déficit
Gasto anual que no se cubre con los ingresos. Lo contrario que superávit. Las administraciones públicas cubren ese desajuste mediante préstamos o Letras del Tesoro y Bonos del Estado. Cuando el Gobierno dice que el objetivo de déficit para todas las administraciones públicas en 2014 es de 39.642 millones de euros, lo que quiere decir es que su plan es gastar, como máximo, 39.642 euros más de lo que ingresen. Para poder comparar entre distintas administraciones, se suele calcular como un porcentaje sobre el Producto Interior Bruto (PIB). Así, el objetivo de déficit para 2014 es del 3,7% del PIB.
Deflación
Descenso prolongado en el nivel general de precios. Lo contrario que la inflación.
Deuda
Es el déficit de una administración acumulado a lo largo de los años. Como pasa con el déficit, se suele calcular en porcentaje sobre el Producto Interior Bruto (PIB).
Ejecución presupuestaria
Todos los presupuestos, también los Generales del Estado, son una previsión de gastos e ingresos, pero no son cifras cerradas. A lo largo del año pueden aprobarse partidas extraordinarias –o no tanto- que disparen el gasto. Por ejemplo, la cuantía de las ayudas al desempleo son imposibles de predecir con exactitud, porque dependerán del número de parados. Lo mismo ocurre con algunas partidas del ámbito de los ingresos (¿cómo saber cuánto se ingresará por IVA exactamente?). Lo que realmente se acaba gastando es la ejecución presupuestaria, que se publica de forma mensual en la página web del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas y en el BOE pero que, por desgracia, no es tan detallada como los presupuestos.
Impuesto de Sociedades
El Impuesto de Sociedades es un impuesto directo aplicado a entidades como empresas, asociaciones o fondos de inversión, y que grava los beneficios obtenidos durante un año fiscal.
Impuesto directo
Un impuesto directo es aquel que grava los ingresos y las propiedades. Son directos, por ejemplo, los impuestos sobre la Renta (IRPF), sucesiones, patrimonio o la contribución.
Impuesto indirecto
Impuestos indirectos son aquellos que gravan el consumo, bien de forma general (como el IVA), bien para productos específicos como el tabaco o el alcohol (impuestos especiales). No tienen relación con los ingresos, así que todos pagamos lo mismo.